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Ann Deverià

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Después no es que la vida vaya como tú te la imaginas. Sigue su camino. Y tú el tuyo. Y no son el mismo camino. Es así... No es que yo quisiera ser feliz, eso no. Quería... salvarme, eso es, salvarme. Pero comprendí tarde por qué lado había que ir: por el lado de los deseos.. Uno espera que sean otras cosas las que salven a la gente: el deber, la honestidad, ser buenos, ser justos. No, los deseos son los que nos salvan. Son lo único verdadero. Si estás con ellos, te salvarás. Pero lo comprendí demasiado tarde. Si a la vida le das tiempo, muestra extraños recovecos, inexorables: y adviertes que, llegado ese momento, no puedes desear nada sin hacerte daño. Y ahí se desbarata todo, no hay manera de escapar, cuanto más te revuelves, más se enmaraña la red; cuanto más te rebelas, más te hieres. No se puede salir. Cuando ya era demasiado tarde, yo empecé a desear. Con todas mis fuerzas. Me hice mucho daño, como tú no te puedes imaginar. Alessandro Baricco Océano mar

Un camino de aquí al mar.

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"No dejarán nunca de relatarlo. Para que nadie pueda olvidar lo hermoso que sería si, para cada mar que nos espera, hubiera un río para nosotros. Y alguien - un padre, un amor, alguien - capaz de cogernos de la mano, y de encontrar ese río - imaginarlo, inventarlo - y de depositarnos sobre su corriente, con la ligereza de una sola palabra, adiós. Eso, en verdad, sería maravilloso. Sería dulce la vida, cualquier vida. Y las cosas no nos harían daño, sino que se acercarían traídas por la corriente, primero podríamos rozarlas y después tocarlas y sólo al final dejar que nos tocaran. Dejar que nos hirieran , incluso. Morir por ellas . No importa. Pero todo sería, por fin, humano . Bastaría la fantasía de alguien - un padre, un amor, alguien. Él sabría inventar un camino, aquí, en medio de este silencio, en esta tierra que no quiere hablar. Camino clemente, y hermoso. Un camino de aquí al mar." Alessandro Baricco, Océano mar

Allá lejos, ¿para qué?

¿De quién huir? ¿y adónde? ¿y para qué?  Dondequiera que vaya soy yo misma pegada a mi aventura,  a mi ansioso destino tan ajeno a quedarme o a partir con mi bolsa de fábulas  y el impreciso mapa de lo desconocido. Allá lejos estoy tan cerca de las revelaciones y las dichas como aquí, como ahora, donde no logro descifrar jamás el confuso alfabeto de este mundo. Olga Orozco http://www.lanacion.com.ar/214620-alla-lejos-para-que

¿quién la llamó vida?

Todos pudimos apagar y encender las hogueras digamos, las luces los más inconscientes lo hicimos pero yo pregunto quién tuvo la valentía de verlas agonizar y siguió hablando moviéndose pensando en las celebraciones sonriendo ante las consecuencias del cambio de estación la luz que agoniza era una obra que amaba mi madre en su fantasía del teatro pero aquí no habrá salvadores lúcidos detectives jóvenes enamorados sólo héroes que miran cómo agonizan y simulan vivir una vida ¿quién la llamó vida? sin revolución (Juana Bignozzi)

Instrucciones para llegar al Cielo

La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo, (...), lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia (...) se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como i...

Kibbutz

Y aunque deseo fuese también una vaga definición de fuerzas incomprensibles, se lo sentía presente y activo, presente en cada error y también en cada salto adelante, eso era ser hombre, no ya un cuerpo y un alma sino esa totalidad inseparable, ese encuentro incesante con las carencias, con todo lo que le habían robado al poeta, la nostalgia vehemente de un territorio donde la vida pudiera balbucearse desde otras brújulas y otros nombres. Aunque la muerte estuviera en la esquina con su escoba en alto, aunque la esperanza no fuera más que una Palmira gorda. (...) ...bastaba, apenas, comprender, vislumbrar fugazmente que al fin y al cabo su kibbutz no era más imposible a esa hora y con ese frío y después de esos días, que si lo hubiera perseguido de acuerdo con la tribu, meritoriamente y sin ganarse el vistoso epíteto de inquisidor, sin que le hubieran dado vuelta la cara de un revés, sin gente llorando y mala conciencia y ganas de tirar todo al diablo y volverse a su libreta de en...

Música interior

Las melodías surgentes. Las palabras forman cadena en el aliento. Las imágenes forman sueño en la noche. También los sonidos forman cadena a lo largo de los días. Somos objeto de una "narración sonora" que no ha recibido en nuestra lengua una nominación semejante al "sueño". Aquí la llamaré "melodías surgentes". Las melodías que surgen inopinadamente cuando caminamos, que surgen de súbito según el ritmo de la marcha. Viejos cantos. Cánticos. Rondas infantiles y conjuradoras. Arrullos o canzonetas. Polcas o valses. Canciones de salón y refranes populares. Detritus de Gabriel Fauré o de Lulli. Los arcones de mimbre en el polvo del granero de Ancenis, en el olor acre del polvillo seco y fino, en los haces de luz que los estrechos tragaluces concentraban. Casi polvareda de un yeso que repercutía en las partituras musicales de los antepasados, que habían escrito hileras de Quignard en fila india, todos fabricantes de órganos y organistas en Baviera, en W...